Algunas de las obras públicas más conocidas de Eduardo Chillida (el Peine del Viento por ejemplo), están realizadas en este material. El acero corten fue uno de los materiales predilectos del escultor vasco a partir de los años 70.
En los años 50, el encuentro de Chillida con el hierro fue determinante a la hora de desarrollar un lenguaje propio que le valió el reconocimiento internacional. Pronto surgió la inquietud de compartir su obra con un mayor número de personas, lo que le llevó a realizar obras públicas en una escala mayor y, para ello, tuvo que experimentar con otros materiales.
El acero corten, debido a sus características, es un material muy apto para las obras públicas, situadas habitualmente al aire libre y de tamaños monumentales. El artista dijo “Trabajo el acero casi como trabajé el hierro, sólo que en otra escala”. Al igual que hacía con el hierro, trabajaba el acero en la forja, calentando el material al rojo vivo y realizando cortes y torsiones. Muchas de las piezas se produjeron en las forjas industriales de Patricio Etxeberria en Legazpia o de Aceros y Forja de Reinosa. Para la ejecución de sus trabajos recurría a un equipo de trabajadores y operarios a los que dirigía en el desarrollo del trabajo; pocas veces se basaba en maquetas previas; prefería interactuar con el material, observando en cada momento la reacción del mismo.
Aunque hablamos de acero corten, en realidad, Eduardo Chillida empleó distintos tipos de acero: el acero Aloña, provenía de objetos de desecho que encontraba en el taller; otros, como el Reco o Reco-Cromo-Niquel, tenían una composición similar a la del acero corten. Se trata de aceros que por su contenido en cobre son muy resistentes a la humedad. Las piezas de este material producen una capa de óxido en el exterior que evita que la corrosión avance hacia el interior.
Esa capa exterior de óxido proporciona una coloración características a sus esculturas. Esta depende de las condiciones a las que esté expuesto o a la antigüedad de la pieza. Cuanto más extremas las condiciones o a mayor antigüedad, las piezas tienden a adoptar un color más parecido al chocolate, mientras que las más recientes, son de color naranja. Es un material vivo, en constante cambio.
Chillida-Leku, antes de convertirse en un museo abierto al público, fue el lugar donde las esculturas “descansaban” antes de ser enviadas al lugar para el que habían sido elaboradas. Eduardo Chillida consideraba que las había concluido en el momento en que se les había caído esa primera capa anaranjada. Algunas, como Buscando la Luz I, realizada para la ciudad alemana de Munich, terminaron por quedarse en el museo, al armonizar de una manera especial con el entorno.