El granito aparece en la obra de Eduardo Chillida en los años 60 aunque será a finales de los 80 cuando adquiera mayor protagonismo. Como ejemplos de las primeras esculturas tenemos los Yunques de Sueños, en los que la misma escultura incorpora un pedestal de este material, o algunos relieves, donde el granito se talla en pequeños bloques jugando con formas en positivo y negativo. También realizó en este material la monumental Abesti Gogora V (ver imagen) en el año 1966, como conclusión a una serie realizada en madera.
Ya en los años 80 nos encontramos con las series Lo profundo es el aire, Escuchando la piedra o Harri, de las cuales disponemos de múltiples ejemplos en el museo. Frente a la entrada al caserío puede encontrar sin ir más lejos Lo profundo en el aire XIV (en la imagen al dorso).
Fíjese con detalle en el material, tóquelo y perciba las diferentes texturas: descubrirá que tiene una textura granulosa debida a la presencia de distintos minerales. El granito es una piedra plutónica, es decir, formada a partir del enfriamiento lento de magma, y está compuesta principalmente de feldespato y cuarzo junto con otros minerales como la mica. Los cristales de cuarzo reaccionan de distinta manera dependiendo de la luz y esto provoca que el color cambie mucho.
Seguramente habrá descubierto las formas irregulares del exterior y la rugosidad del acabado, que dan un aspecto muy natural a la piedra. Eduardo Chillida trabajaba los materiales, sacados de la naturaleza, con gran respeto e intentaba dialogar con ellos en lugar de someterlos completamente.
Esta idea condicionaba la propia elección del material. Muchas de las esculturas que puede ver en el jardín se realizaron a partir de bloques traídos desde la India, donde el material se saca con planos de exfoliación: fíjese en las marcas blanquecinas de las esquinas: corresponden a las cuñas de madera que se introducen en las grietas naturales de la piedra. La madera se riega y, al humedecerse, se va ensanchando y, al mismo tiempo, va rompiendo la piedra pero respetando la propia estructura de la misma.
La naturalidad del exterior contrasta con el trabajo del interior, donde se ve claramente la mano del artista. El granito es una de las piedras más duras presentes en la naturaleza por lo que para trabajar este material, el artista empleó el martillo hidráulico, para realizar las aperturas, y, para los terminados pulimentados, una herramienta a base de diamante.
El espacio recibe en esta serie Lo profundo es el aire un tratamiento arquitectónico: el autor crea un espacio habitable en el interior, un espacio al que él mismo se transporta mentalmente, proyectándose como un ser diminuto. En esta serie podemos ver la misma reflexión que en el proyecto de la montaña Tindaya (Fuerteventura, Canarias).
La relación con la arquitectura con este material queda también patente en el empleo del mismo en la Plaza de los Fueros en Vitoria o en la que precede a las esculturas Peine del Viento en San Sebastián, realizadas en colaboración con el arquitecto Peña-Ganchegui. En este caso se empleó granito procedente de la Porriño, también extraído artesanalmente.
Inspirado por un cantero de esta localidad gallega, que “escuchaba la piedra” para cortar el granito, Chillida desarrolló la serie Escuchando la piedra, en la que los grandes bloques son desbastados y tallados sólo en la superficie, sin realizar incisiones profundas y conservando en algunas partes la rugosidad natural.
En la serie Harri, los bloques están más trabajados, en ocasiones, pulidos, quedando la superficie más regular y las aristas redondeadas. Este redondeamiento en la base provoca a la vista un efecto de suspensión en el aire. Las incisiones son profundas, llegando a asemejar distintas piezas que se ensamblan. En el interior del caserío, junto al umbral, está dispuesta Harri V, que destaca por el empleo del granito blanco frente al habitual granito rosado.