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vacio 30 Aniversario Peine del Viento
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"En un extremo de la bahía donostiarra, a los pies del monte Igeldo. Allí instaló en 1977 Eduardo Chillida su obra preferida, el Peine del Viento, con tres espectaculares piezas de acero aferradas a las rocas y rodeadas del mar. Treinta años después, Donostia-San Sebastián celebra el aniversario de este espacio mágico, ejemplo único de armonía entre arte y paisaje”.

 

El Museo Chillida-Leku , las principales instituciones de Euskadi ( Ayuntamiento de Hernani, Ayuntamiento de Donostia-San Sebastián, Diputación Foral de Gipuzkoa y Gobierno Vasco) y distintas entidades culturales vascas, están cerrando la programación de actividades en torno al peine del Viento que se desarrollarán durante 2007 y que contarán con exposiciones, conferencias, conciertos y espectáculos, rutas guiadas y actividades educativas.

 

 

Mayo 08

Hierro

 

Si recorremos la carrera artística de Eduardo Chillida, podemos ver que, simplificando mucho, cada etapa se caracteriza por la experimentación en torno a un material distinto. El hierro fue el protagonista del trabajo de este artista vasco durante los años 50. A través de este material, Eduardo Chillida construyó un lenguaje propio y original, que le brindó el reconocimiento de la crítica internacional.

 

A finales de los años 40, Chillida comenzó su carrera como escultor en París realizando esculturas figurativas a partir de bloques de yeso, con técnica de talla, inspiradas en la escultura griega. Pese al éxito obtenido, pronto sobrevino una crisis que llevó al autor a cuestionarse el camino elegido.

 

Como respuesta a esa crisis retornó a su País Vasco natal, alejándose de influencias externas y esperando que saliera lo que le era propio. En Hernani, en la forja vecina de Manuel Ylarramendi vivió una experiencia que marcó su devenir; él explica:

“Allí me encuentro un día con un herrero que vivía enfrente de nuestra casa, que estaba trabajando; estaba haciendo unas herraduras en un ambiente oscuro, negro, una luz negra, que es como yo me veo a mí, como vasco y a los vascos, es un país de luz negra; no es la luz del Mediterráneo de donde habían surgido mis anteriores esculturas en yeso, es otra luz. Empecé a ir con el herrero, en horas fuera de su trabajo normal a hacer pruebas y al cabo de unos meses hice mi primera escultura en hierro que la llamé Ilarik. Es una estela funeraria y ya estaba en la línea de lo que me es propio.”

 

Ilarik, de 1951, fue además la primera escultura abstracta, sin referencia figurativa de la realidad. A esta primera escultura, le siguieron otras muchas realizadas en hierro, inspiradas por el mundo rural tradicional del País Vasco (ver en la 1ª planta Redondo Alrededor, compuesta por tres azadas). Después vendrían otras, en las que el escultor lucha contra planchas o bloques de este metal, realizando cortes y torsiones en la forja para atravesar el espacio, esculturas muchas veces apoyadas en tres puntos. De esta época, son los Yunques de Sueños o Ikaraundi (1ª planta).

 

En palabras del filósofo francés Gaston de Bachelar  “Chillida tira el cincel y el mazo. Toma la pinza y la maza del herrero. Es así como el escultor pasa a ser herrero”.Chillida trabajó el hierro en la forja: calentaba el hierro al rojo vivo,  modelándolo trabajosamente a golpe de martillo. El trabajo en la forja es una lucha directa contra el material en la que nunca se llega a doblegar por completo la voluntad del mismo. Como resultado, en estas esculturas forjadas se percibe una gran tensión.

 

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