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vacio Caserío Zabalaga
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En el corazón del Chillida-Leku se levanta el viejo y restaurado caserío que atesora a su vez el corazón de la obra del creador guipuzcoano. Este edificio incluye las obras de pequeño y mediano formato de Chillida, y permite un clarificador y deslumbrante recorrido por su medio siglo de creación, un paseo envuelto en la peculiar atmósfera de un caserío que conserva el sabor de sus cerca de 500 años de historia y, a la vez, la magia de haber sido restaurado como una obra de arte del propio escultor.

 

En la planta principal del edificio el visitante encuentra una selección de obras realizadas por Chillida en los últimos veinte años. Son trabajos de acero corten, alabastro, granito y terracota que establecen un especial diálogo artístico con las gravitaciones en fieltro que cuelgan de los muros de piedra. Siguiendo un recorrido cronológico la sala 2 alberga los yesos hechos en París entre 1948 y 1951, y los hierros forjados por el artista en Hernani a su regreso de la capital francesa. Dibujos de la época acompañan a estas obras, que muestran de la forma más expresiva el nacimiento del Chillida escultor tal como lo conocemos ahora.

 

El paseo continúa por el interior de este caserío que parece haber atrapado el alma de Chillida. La sala 3 presenta los proyectos de obras públicas, algunos de los cuales se convirtieron en realidad a  escala monumental y otros quedaron en sólo eso, proyectos. Junto a ellos se exhiben diversos alabastros de los años sesenta, un gran mural de terracota y óxido de cobre y una serie de dibujos de manos, tan característicos del escultor. Por último, la sala 4 descubre el Chillida más íntimo, con las gravitaciones que él inició en 1985 en su indagación artística, y en las que el dibujo adquiere una tercera dimensión. Aquí se encuentran también las terracotas que el creador realiza en tamaño más pequeño y que le han servido para la creación de numerosos granitos.

 

El visitante abandona el caserío con la sensación de haber recorrido una mezcla de santuario y hogar. De nuevo en el exterior la intensidad del verde y la ecuación de acero y granito que salpica la finca le reintegran en el paisaje. Es el momento en que el público hace especialmente suyo el museo, los visitantes se fotografían junto a las esculturas, los niños juegan en torno a las obras y el Chillida-Leku se hace vivo al encuentro con un espectador que aquí no es el espectador pasivo de otros museos, sino un espectador activo que se mueve, habla y escucha entre, con y a las esculturas.

 

Este texto pertenece al libro “Una Utopia convertida en realidad” escrito por Mitxel Ezquiaga.

 

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