Es un bosque encantado que hermana arte y naturaleza, un espacio único y mágico en el que las esculturas se alzan solemnes y hermosas mezcladas con las hayas, los robles o los magnolios, sobre amplias praderas verdes y acogedoras. El Chillida-Leku es un museo diferente, una obra de arte en sí misma, un enclave para la paz y la reflexión que resume en trece hectáreas de terreno y un caserío del siglo XVI, medio siglo de creación artística de Eduardo Chillida, uno de los grandes escultores del siglo XX.
Aunque el museo ofrece recorridos guiados en los que el visitante conoce su interior de modo ordenado y explicado, lo habitual es que el público descubra el Chillida-Leku guiándose sólo por su propia capacidad de asombro, caminando de aquí para allá entre las esculturas y el paisaje. (…) Casi medio centenar de esculturas de gran tamaño, y correspondientes a diversas épocas y materiales, se diseminan por un hermoso paraje consagrado al arte y la naturaleza. Es una colección dinámica, porque los compromisos expositivos del escultor en medio mundo y la entrada y salida de nuevos encargos provoca que algunas grandes piezas abandonen temporalmente el museo y otras lo enriquezcan. No se trata de un museo cerrado, sino de un espacio vivo y cambiante. En opinión del arquitecto Luis Pedro Ganchegui, colaborador de Chillida en varios de sus trabajos públicos más emblemáticos, el arte no figurativo es como un regreso a la naturaleza, y en consecuencia, las esculturas de Chillida cobran su dimensión más emocionante ancladas en este bosque de maderas, árboles y hierro.
Este texto pertenece al libro “Una Utopia convertida en realidad” escrito por Mitxel Ezquiaga.
Ir a:
Historia del Caserío · Caserío Zabalaga