Lo profundo es el aire XVII

1997

Granito

128 x 90 x 232 cm

El título de la obra proviene de un verso del poeta vallisoletano de la generación del 27 Jorge Guillén. Los dos autores se conocieron en Harvard en 1971 donde nació su amistad. Años más tarde, Chillida quiso hacerle un homenaje y releyendo su obra encontró este verso: “Más allá, lo profundo es el aire”. Fue el nexo entre los dos artistas. Esta serie nace como tributo al poeta: “Cuando le hice un homenaje a Jorge Guillén, primero estuve releyendo toda su obra para tratar de encontrar algún concepto en el que pudiéramos estar en el mismo terreno los dos. Lo encontré en Cántico. En un lugar dice Lo profundo es el aire, un concepto perfecto para mí.”

Todas las esculturas de la serie le sirvieron como indagación para su proyecto irrealizado en la montaña Tindaya en Fuerteventura. Su punto de partida fue una primera escultura en alabastro Mendi Huts (1984), que significa montaña vacía: “Hace años tuve una intuición, que sinceramente creí utópica. Dentro de una montaña crear un espacio interior que pudiera ofrecerse a los hombres de todas las razas y colores, una gran escultura para la tolerancia. Un día surgió la posibilidad de realizar la escultura en Tindaya, Fuerteventura, la montaña donde la utopía podía ser realidad. La escultura ayudaba a proteger la montaña sagrada. El gran espacio creado dentro de ella no sería visible desde fuera, pero los hombres que penetraran en su corazón verían la luz del sol, de la luna, dentro de una montaña volcada al mar, y al horizonte, inalcanzable, necesario, inexistente...”

En el museo se encuentran otras esculturas de la misma serie: Lo profundo es el aire IV, Lo profundo es el aire, Estela XII, Lo profundo es el aire XIV y Lo profundo es el aire XVIII.